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Soy de trama y soy de urdimbre

Actualizado: 27 sept 2025

Los cierres laborales son más que la firma de una carta de renuncia. Son despedidas que incluyen personas, aprendizajes, vínculos y hasta pedacitos de nosotros mismos.


Yo tengo un ritual: siempre me despido con una carta. Escribirle al trabajo, a los compañeros, a los momentos vividos, me ha permitido reconocer lo que dejo y también lo que me llevo. Hoy quiero compartirte una de esas cartas. No es un modelo a seguir, solo un ejemplo de cómo la escritura puede ayudarnos a darle sentido a los finales. Porque cuando nos vamos, nunca somos los mismos que llegamos.


A veces tejer duele, duele porque alguien que amábamos murió y con esa partida algo de nosotras murió.
A veces tejer duele, duele porque alguien que amábamos murió y con esa partida algo de nosotras murió.

En el tejido de la vida encontramos hilos suaves, hilos que transforman, hilos de fantasía, rígidos o flexibles; algunos enredados, otros claros, unos naturales, otros artificiales.


Tejemos de día y de noche, con distintas puntadas; a veces destejemos, soltamos o nos enredamos. Y en cada puntada se cuelan emociones: tejemos con tristeza, con alegría, con esperanza, con ira, con amor. Entonces cambian también los colores: del gris opaco puede surgir un arco iris de brillo y vida. Cambiamos de puntada, cambiamos de telar.


Al cambiar de telar, se amplía nuestro horizonte. Dejamos atrás un tejido ya hecho, donde cada hilo aportó textura y forma, y salimos en busca de nuevos hilos, colores, materiales o inspiraciones. A veces repetimos las mismas puntadas, pero ya no las vemos igual: el tejedor mezcla distinto, combina de otra manera y la obra adquiere un nuevo aspecto. En ese cambio, descubrimos nuevas armonías, otros contrastes, y comprendemos que siempre podemos transformar nuestro tapiz.


En este telar que hoy cambio, tejí el tapiz de mi vida por más de tres años, y mientras tejía aprendí:

  • Que a veces los análisis de mi mente son diferentes al discernimiento del corazón, y que es más acertado el último.

  • Que lo que leo me da solo una dimensión de las cosas.

  • Que en la mayor de las dificultades siempre Dios envía ángeles que, sin conocerme, me ayudan y son como gotas de rocío que refrescan mi vida.

  • Que siempre puedo iniciar de nuevo y aprender algo nuevo.

  • Que del cambio se aprende.

  • Que donde quiera que vaya siempre encontraré alguien de quien aprender.

  • Que cuando llego a un lugar desconocido, siempre hay alguien que me muestra los riesgos de los caminos que tengo para transitar.

  • Que en el mundo hay más personas con miedo a soltar.

  • Que el control impuesto solo puede controlar mi exterior, pero nunca mi interior.

  • Que hay personas que me valoran más de lo que yo misma lo hago.

  • Que aun en la más profunda de mis tristezas, siempre aparece alguien que conquista mi sonrisa.

  • Que solo cuando entrego mi dificultad con todo mi corazón, cuando me abandono porque sé que ya hice todo lo que estaba en mis manos y clamo a Dios, aparece una solución divina.

  • Que Dios es la fuerza del espíritu, que me ayuda a estar de pie cuando todo a mi alrededor se derrumba.

  • Que en todos los universos siempre hay elementos que no representan el universo y que ¡son maravillosos!

  • Que las partidas siempre me abren nuevos caminos.

  • Que hay personas que, aun sin conocer, por alguna razón que a veces no comprendo, me inspiran confianza.

  • Que quiero ser y no solo hacer.

  • Que con muy pocos fui; ellos se quedan con lo mejor de mí.

  • Que buscando en las profundidades de mi océano interior puedo ser mejor.

  • Que puedo ayudar a otros a sanar.

  • Que puedo ser instrumento para abrir la puerta a otras personas a una nueva oportunidad.

  • Que con todos los cambios de la vida hay personas que continúan siendo parte de mi vida y el lazo se ha fortalecido.

  • Que la vida me presenta maestros por oposición… ¡y qué maestros!

  • Que siempre encuentro a alguien que me ayuda a ver que tengo aspectos por sanar.

  • Que cuando aprendo, los que están a mi alrededor también aprenden.

  • Que debo entender las motivaciones de mis decisiones.

  • Que mi vida estaba acostumbrada a ocupar lugares con experiencias comunes que, en mi búsqueda de cambio, ya no encontré; después entendí que era posible vivir sin ellas y ya no me hacen falta. Si regresan, las viviré desde otra dimensión.

  • Que, aunque me duela, la vida me separa de los seres que más amo y que sin ellos mi vida puede seguir, entendiendo que el amor no cambia, que el amor permanece, que el amor no muere con la muerte, solo cambia su manifestación.

  • Que hay caminos que me apartan de mi ser, y solo cuando aprendo aparece un nuevo camino que me conecta con mi esencia, donde seguro aprenderé mucho más, conoceré nuevos maestros, nuevos lugares, nuevas experiencias, nuevos universos y, en ese universo, descubriré esos elementos que maravillosamente resaltan como estrellas en la noche oscura.

  • Que esos caminos que me apartaron de mi ser eran necesarios para conocer a las personas que me ayudaron a conectar con mi esencia y que me acompañarán en el nuevo camino.

  • Que lo que no me gusta, lo que no me agrada, lo que cuestiono, siempre esconde una oportunidad de aprendizaje.

  • Que, aunque a veces crea que no aprendo, solo cuando abro mi mente y mi corazón descubro todo lo aprendido.

  • Que la familia siempre me acompaña.

  • Que mis amigos pueden cambiar.

  • Que mis trabajos son agujas para tejer parte de mi tapiz.

  • Que las personas son puntadas para transformar.

  • Que la familia es la urdimbre, los amigos la trama, las empresas los telares que sostienen el tejido por un tiempo, y los compañeros de trabajo los hilos que conforman parte del tejido.


Gracias por hacer parte del tejido de mi vida. No sé si yo hice parte del tuyo; quizá solo observaste, como se observan los hilos en el escaparate, y no descubriste lo que hubieras podido tejer con este hilo. Quizá fui un hilo tejido que quedó indeleble en tu vida, o simplemente un punto de unión entre la trama y la urdimbre que pasó desapercibido. Más adelante, quizá vuelvas a encontrar este hilo y lo veas distinto, lo integres a tu tapiz. Quizás no. En realidad, no importa.


Lo que importa es que descubras los hilos que el escaparate de la vida te ofrece y elijas los que ayuden a hacer grande tu obra. Y que, al final, observes un tapiz lleno de hilos, colores y formas, tantos como personas has encontrado en tu vida.


Hasta pronto.

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