Recuerdos en cartas olvidadas
- Claudia Caicedo A
- 3 oct 2025
- 3 Min. de lectura
En estos días me he encontrado revisando mi camino laboral de los últimos años, y entre reflexiones y pausas, descubrí cartas que escribí a mi propio trabajo, algunas olvidadas, otras apenas recordadas. Al abrirlas, recordé lo que anhelaba y con asombro veo varias de esas flores hoy en mi jardín. Desde ese lugar de gratitud y asombro escribo esta carta al trabajo, celebrando la cosecha y sembrando nuevas semillas.

Querido trabajo,
¿Recuerdas esa carta que escribí hace dos años sobre cómo quería sentirme contigo?La releo hoy con asombro y gratitud. Prácticamente todo se ha cumplido.
Me soñaba cómoda con mi estilo, entusiasmada entre el trabajo en equipo y la soledad creativa, apasionada entre la tecnología y lo natural, confiada en relaciones éticas, tranquila con la posibilidad de moverme y visitar a quienes amo, satisfecha con un balance real entre trabajo y vida, animada con horarios flexibles, maravillada con clientes puntuales, determinada en mi oferta y liviana trabajando desde mis fortalezas.
Hoy puedo decir que la mayor parte de esas semillas florecieron.
Pero también reconozco algo más: en estos dos años no solo se cumplieron aquellos anhelos, también llegaron frutos inesperados. Aprendí a usar LinkedIn con sentido, construí mi propia página web, descubrí Canva, exploré Instagram. Herramientas que antes me parecían distantes hoy son aliadas, caminos que me permiten integrar mi trayectoria laboral y personal en un proyecto que lleva un nombre lleno de vida: Hilo y Palabra.
Gracias a estas exploraciones me encontré con nuevas amistades, con la posibilidad de acompañar a otros, con la certeza de que el autoaprendizaje también abre horizontes. Descubrí que la búsqueda puede traer habilidades nuevas.
Hoy agradezco a Dios por haberme permitido descubrir esta faceta: menos partes divididas en mi biografía, más integración entre lo laboral y lo existencial. Hoy me experimento más creativa, independiente, agradecida y esperanzada.
Y aquí viene mi tarea para ti que me lees: anímate a escribirle una carta a tu trabajo. No desde lo que haces, sino desde cómo te quieres sentir. Ese fue mi punto de partida. Te comparto un ejemplo:
Cómoda de vestirme de acuerdo a mi estilo personal. Parece trivial, pero para mí fue vital, porque durante años usé uniforme y sentía que llevaba ropa prestada.
Motivada al poder alternar posiciones ergonómicas (sentada, de pie, caminar). Esta petición está ligada directamente a mi salud.
El ejercicio es simple: escribe primero la emoción que quieres experimentar y luego las formas en que esa emoción puede desplegarse en tu día a día. Para alguien puede ser “cómoda usando uniforme”, para otra persona lo opuesto. Lo importante es que sea significativo para ti, que te conecte con esos valores que dan sentido a tu existencia.
Con honestidad te digo: escribir la carta no será suficiente para empezar a sentirte así, pero sí es el primer paso para reconocer lo que valoras. Cuando sabes lo que es valioso para ti, empiezas a tomar decisiones con más sentido y a crear acciones que te acercan a otras posibilidades que asombrosamente un día descubres que se parecían mucho a esos anhelos profundos de tu corazón.
¿Te animas a contarme cómo te quieres sentir en tu trabajo?
Con gratitud,
Claudia



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