top of page

Mi casa ..mi espíritu

Actualizado: 6 jul 2025




Cuando le preguntan a mi padre cuánto vale su casa, él responde sin titubeos: “Esta casa no tiene precio”. Y lo dice con la certeza de quien sabe que allí no solo hay ladrillos, arena y cemento. Hay vida, recuerdos, historia y amor.


La casa donde vivimos mis hermanos, mis padres y yo, guarda nuestros más íntimos recuerdos de infancia: allí jugamos, aprendimos, lloramos, reímos y soñamos. Por un tiempo, incluso llegamos a pensar que sería nuestro hogar para toda la vida.


Pero construir esa casa fue tarea de héroes. Mis padres no compraron sobre planos. Para la época y el lugar, los planos solo existían en su imaginación. Sin ser arquitectos y con las limitaciones de su tiempo —sin carretera, sin energía eléctrica— emprendieron la titánica tarea de construir una vivienda digna.


Transportar los materiales implicaba recorrer, a lomo de mula, un largo camino desde la carretera principal hasta el terreno donde hoy está nuestra casa. Un sendero empinado, erosionado por las lluvias, que demandaba aproximadamente 40 minutos ida y vuelta.


Esto fuera sencillo si se tratase de un bulto de cemento y 10 ladrillos, pero se trataba de algo más grande; se contaron los materiales uno a uno, pero los pasos de mi padre fueron incontables; con cada paso un avance, con cada avance un sueño en construcción.


El diseño resultó ser una propuesta innovadora para la época y para el lugar, cambiando conceptos de los campesinos de la región:


  • Pasó de lo “abierto” que se evidencia en casas con diseños lineales de corredores exteriores, a lo “cerrado” con un corredor interno de enlace de espacios con una planimetría rectangular.

  • Pasó de lo “público” con casas que tenían el baño, la ducha, el lavadero y la cocina en sus exteriores, muchas veces aislados de la habitación, a lo “privado” integrando en su diseño estos servicios.

  • Y pasó de lo “inseguro” en casas con puertas individuales por habitación, con acceso directo desde el exterior, por lo “seguro”, con habitaciones de acceso interno, con dos puertas de acceso externo a la vivienda.


Mientras mi padre recorría el camino con los materiales, mi madre cocinaba sobre el suelo, cuidando a sus pequeños hijos dentro de un cajón de madera, protegiéndonos del fuego de la estufa improvisada y de los riesgos de la construcción.


Tiene razón mi padre cuando dice que esa casa no solo está hecha de materiales. Está hecha de sudor y sueños, de luchas y desilusiones, de esperanzas y compromisos, de entusiasmo y trabajo en equipo. Y por eso, su valor no puede calcularse en pesos ni dólares. Como dice mi padre:


“Esta casa vale porque no tiene precio”.


Hoy, cuando cierro los ojos y vuelvo a mi casa, lo que recuerdo no son solo paredes y techos, sino los espacios que la hacían única.


Pienso en la curiosidad de mi infancia, cuando intentaba descubrir los misterios del “zarzo”, ese lugar escondido entre el cielo raso y el techo, donde se almacenaban cosas por un tiempo. Siempre quise subir como mi hermano, pero nunca lo logré. Entonces me conformaba con las historias que él me contaba sobre lo que allí se guardaba. Así, la imaginación llenaba los vacíos que mis ojos no podían alcanzar.


Camino con la memoria hasta la ventana y veo el jardín que mi madre cuidaba y donde se encontraba consigo misma, y con el jardín veo la montaña y con la montaña el cielo, y con el cielo el sol, la luna y las estrellas.


Recuerdo la cocina, el corazón de la casa rural, el lugar donde el fuego nunca se apagaba durante el día. Allí nos reuníamos mis hermanos y yo, al final de cada jornada, esperando ese vaso de leche caliente que, siempre que podía, mi mamá nos daba como un abrazo antes de dormir.


En esa cocina se resolvían conflictos, se contaban chistes y se tejían historias, las mismas que mi padre, hoy, sigue compartiendo con sus nietos.


El rincón donde se calentaban las manos cuando el frío era muy intenso, donde se secaba la ropa en época de lluvia, donde también se salvaban vidas; Recuerdo una escena imborrable: un pollito enfermo, casi sin vida, que mi mamá colocó por un momento en el horno de la estufa de leña. Minutos después, yo, siendo niña, celebré con asombro al verlo revivir.


Era ese mismo fogón el que nos daba el carbón para la plancha cuando no había servicio de energía, y donde mis padres, con su amor incondicional, preparaban nuestro desayuno cada mañana.


En la cocina disfrutábamos de las comidas recién preparadas con ese delicioso sabor a leña, donde se podía saborear una deliciosa arepa de maíz con queso, preparada con maíz pilado, pilado en el pilón de la finca ubicado en el corredor de la casa; ahora el pilón de la casa pasó a ser un elemento decorativo, una antigüedad añorada por muchos; ya no se pila, ahora se compra el maíz trillado.


En diciembre, aquella cocina se llenaba de aromas de natilla de maíz, tamales tolimenses y, en el día a día, de dulces que mamá preparaba con esmero: arroz con leche, “mielmesabe”, dulce de breva, dulce de mora y tantas otras delicias que eran su forma de regalarnos amor.


Fue también allí donde batía la clara de huevo a punto de nieve y la comía como si fuera el más exquisito manjar.


Hoy, cuando visito la casa, se cocinan los recuerdos y se hornean los anhelos. Esos que traen la nostalgia de una madre que, desde otra dimensión, sigue acompañándonos. Porque ella permanece en nuestra memoria, en nuestra cocina, en nuestro cuarto, en nuestro estudio… en esa frase tan suya que aún escucho en mi mente:


“Acuéstese”.


Y en el deseo profundo de volver a saborear esa gastronomía sencilla, hecha desde el alma, como solo ella sabía hacerlo.


Esa es la casa que quiero que construyas en tu interior. Un lugar donde vivan tus alegrías y tus tristezas, tus encuentros y despedidas, tus manjares y sinsabores, tus veranos y tus inviernos. Un espacio que resguarde los vínculos que sostienen tu vida, especialmente cuando la existencia te sacude y te recuerda que: tu casa será siempre tu refugio, y tu refugio, siempre, tu espíritu.


Haz de tu espíritu tu casa.

 
 
 

Comentarios


Si quieres saber más - contáctame
Estoy a un mensaje de distancia:

  • Whatsapp
  • Instagram

Escríbeme por WhatsApp

Sígueme en Instagram

©2020 por Hiloypalabra. Creada con Wix.com

bottom of page