La semilla de Dios: un llamado que transforma la vida
- Claudia Caicedo A
- 5 jul 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 6 jul 2025
Escuchar el llamado y cuidar la semilla puede cambiar el rumbo de tu vida. Aquí te comparto mi historia, mi proceso y la Gracia que me sostuvo en el camino.

Cuando el llamado es más fuerte que el silencio
Hoy prometí un ayuno de pantallas. Pero sentí el llamado a escribir, y cuando eso sucede no puedo hacer otra cosa. Mi cuerpo lo sabe, lo siente, y las palabras fluyen como hilos que se tejen formando historias. Así que aquí estoy, tejiendo palabras.
Ayer, mientras preparaba un brochure profesional, me pidieron algo que nunca había hecho: contar no solo mi experiencia académica y laboral, sino la historia de mi camino personal y espiritual. Fue una oportunidad hermosa para dar gracias a Dios, a mi familia, a mis amigos, a los terapeutas, a los sacerdotes y a todas las personas que han caminado a mi lado.
El origen de la semilla: una decisión sin lógica aparente
En 2015, un mensaje publicado en Facebook por una prima (q.e.p.d.) despertó algo en mí. No era una decisión racional, pero mi corazón me llevó a inscribirme en un diplomado de Logoterapia y Sentido de Vida. Sentía que cada tema me inspiraba y respondía a esa búsqueda profunda de muchos años.
El proceso tuvo pausas. La muerte de mi madre interrumpió el camino, pero la semilla ya estaba plantada. Años después, retomé la formación y empecé un camino de mayor acercamiento a Dios: entre 2016 y 2025 viví 14 encuentros, entre retiros, penitencias de amor y consagraciones a María. Sumado a los testimonios de fe y libros que me han nutrido.
La semilla crece entre el duelo, el miedo y la esperanza
Aunque el duelo y el miedo retrasaron mi formación formal hasta 2019, finalmente empecé el camino como consejera en logoterapia. La pandemia llegó en medio del proceso y me gradué en 2021. Pero después vino una crisis profunda: agotamiento laboral, problemas de salud y una crisis existencial.
Mi semilla para ese momento ya era una pequeña plántula. En 2023 me sentí renovada y comencé a darle forma real. No sabía dónde sembrarla: ¿en un invernadero protegido? ¿en un jardín abierto? ¿o en la ladera de un camino? Solo sabía que debía seguir adelante. Escribí y reescribí mis servicios una y otra vez. Porque escribir es también mi manera de sembrar.
El verdadero sentido está en las decisiones, no en las circunstancias
Ayer, mirando hacia atrás, entendí las palabras de Viktor Frankl: “Las circunstancias te condicionan, pero no te determinan. Lo que te determina son tus decisiones”. La voluntad de sentido nos conecta con lo más profundo de nosotros mismos y con los valores que guían nuestra vida.
Yo no hice un plan estratégico para buscar a Dios ni para estudiar logoterapia. Simplemente escuché el llamado. Fui al primer retiro porque sentí que debía ir, aunque físicamente no tuviera fuerzas. Y allí, en el silencio de ese retiro, empezó un nuevo renacer. Uno de tantos, porque en la vida morimos y renacemos muchas veces.
La Gracia aparece cuando escuchas el llamado
En este caminar he vivido oscuridades profundas y también momentos de gran claridad. Y en todos ellos he sentido la presencia de Dios: Él me sostuvo cuando creí que no podía más, me inspiró cuando estuve confundida y me recordó que, sobre todo, soy su hija amada.
Esta semana, en un encuentro providencial, alguien dijo: “Si tú atiendes el llamado, la Gracia aparece”. Así ha sido mi vida: Gracia y llamado. Dios siembra la semilla, pero yo tengo la responsabilidad de cuidarla, regarla, abonarla. Y cuando me distraigo o me olvido de ella, Él me dice: “Recuerda tu semilla, tu plántula, tu jardín”.
¿Y tú? ¿Qué semilla habita en tu corazón?
No sé cuáles son las semillas que Dios ha sembrado en tu corazón. Tal vez tengas semillas que ya has regado y otras que esperan pacientemente bajo la tierra. Lo único que puedo decirte es que escuchar el llamado siempre es el camino, aunque no sepamos cuántos obstáculos habrá.
Algunas semillas germinan rápido, otras pueden pasar años ocultas antes de florecer. Pero para Dios, ninguna semilla pasa desapercibida. Él espera pacientemente mientras sanas, superas, y creces.
La semilla nunca muere.
Dios siempre buscará la manera de recordártela. Pero la decisión de sembrarla y cuidarla depende de ti.
Sé el jardinero de tu propia vida
Dios te da la Gracia, pero tú eliges ser el jardinero. No hice un cronograma de retiros. Simplemente fui porque sentí que necesitaba sanar. Y allí, paso a paso, Dios me sostuvo hasta que un día pude decir: soy una hija amada de Dios, acogida y cuidada incluso cuando yo no sabía por dónde caminar.
Hoy te invito a cuidar tu semilla como puedas. Quizás sea escribiendo una carta, tal vez poniéndola en un lugar visible que te recuerde el llamado que has recibido. Dios te mostrará el lugar y el tiempo.
¿Qué semilla está pidiendo ser cuidada en tu vida?
¿Cuál es el llamado que quizás has estado postergando?



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