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Carta a una freelance

En este proyecto de cartas al trabajo me he sentado a dialogar con diferentes formas en que éste se presenta en nuestra vida. Ya escribí a las despedidas de empresa, y hoy le escribo a una modalidad que no llegó como parte de un plan, sino como una puerta que se abrió en medio de la adversidad: el trabajo freelance.


El trabajo freelance no fue un plan: fue una oportunidad que me enseñó nuevas formas de pertenecer.
El trabajo freelance no fue un plan: fue una oportunidad que me enseñó nuevas formas de pertenecer.

Hoy quiero escribirte una carta para reconocer cuánto has cambiado en estos tres años con esta modalidad de trabajo que llegó a tu vida, no como parte de un plan ni como un proyecto soñado, sino como una respuesta necesaria en medio de la adversidad. No estabas en condiciones de volver a buscar empleo; apenas habías cerrado un intento fallido de sostener tu antigua vida. Y no fue un fracaso por falta de capacidad, sino porque tu cuerpo y tu alma necesitaban descanso. Habías llevado demasiado tiempo el traje de “anestesiada por el trabajo”, y ya era momento de quitártelo.


En ese camino apareció la opción de trabajar por proyectos. La nueva oportunidad trajo como suele suceder con los nuevos desafíos: aprender sobre temas que al inicio no te cautivaban, crear nuevas dinámicas personales y aceptar la incertidumbre de no tener un contrato estable y tampoco ingresos fijos. Pero también fue la posibilidad de reacomodarte, de construir una vida que alternara entre la soledad de la montaña y el silencio de la naturaleza en la finca de tu padre, el bullicio de Bogotá con todo lo que te ofrece, y la calma intermedia de Anapoima, tu refugio cálido.


El trabajo freelance, lo sabes bien, es más que independencia y flexibilidad. Es asumir la autogestión como un estilo de vida. Es aprender a moverte entre clientes, proyectos y ritmos distintos, como una pequeña empresaria de ti misma. Con el tiempo, descubriste que esa forma de trabajar también te abrió un portafolio de experiencias y sentidos: estar con tu familia sin pedir permiso, leer y escribir más, diversificar los lugares desde donde trabajas y, también, vivir la ausencia de lo que tanto valoras: el trabajo en equipo y el sentido de pertenencia.


Y ahí está la otra cara de esta historia: los proyectos de corto plazo no permiten echar raíces. Has tenido que buscar esa pertenencia en otros territorios: en la música folclórica que te conecta con un país, en los cantos de alabanza que te recuerdan tu lugar en el Reino de Dios, en grupos de oración y servicios de retiro que te devuelven la experiencia de un equipo que comparte una misión.


Lo que permanece en ti es ese anhelo de pertenecer, de trabajar hombro a hombro con otros. Lo que ha cambiado es la manera en que siembras y los jardines donde quieres sembrar. Ahora sabes que no necesitas llenarte de tareas para anestesiarte, porque aprendiste a reconciliarte con tu historia, conocerte mejor, porque entre más te conoces más sentido encuentras.


Hoy no eres la mujer que trabajaba para huir de sí misma. Eres una mujer renovada. Una profesional con más de veinte años de experiencia en procesos administrativos, pero también alguien que aprendió a acompañar, a escuchar, a integrar la escucha humana y la gestión administrativa. Y en ese punto surge una certeza: quieres volver a aportar en un lugar nuevo, desde una relación más coherente con eso a lo que llamas “trabajo”. Tal vez sea de nuevo como empleada, tal vez como freelance, pero esta vez con la coherencia de quien se sabe transformada y lista para ofrecer algo más profundo y consistente.


No buscas llenar un vacío. Buscas un espacio donde tu historia y tu transformación puedan encontrarse con un proyecto, una empresa o un equipo que esté en sintonía con lo que eres hoy. Durante años buscaste trabajo desde la necesidad, sin norte, estudiando para llenar una hoja de vida. Hoy te permites algo distinto: buscar desde el anhelo genuino, con la dirección y el tesón que te ha dado este camino. Ya no se trata de conseguir trabajo. Se trata de encontrar ese lugar donde tu transformación y tu oficio se abracen.

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